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Pasión para hacer posible lo aparentemente imposible

Pasión para
hacer posible lo
aparentemente
imposible

EMPATÍA, COMPLICIDAD Y SENSIBILIDAD

Sabemos que durante la celebración del amor florecen muchos sentimientos. Nuestra complicidad y sensibilidad os acompañará para sosegar nervios, repartir buen humor y contribuir al bienestar de tod@s vuestr@s invita@s.

Cuidamos desde la primera impresión
hasta el último detalle

Cuidamos desde la primera impresión hasta el último detalle

EXPERIENCIA EN BODAS, MODA Y DECORACIÓN

Mi experiencia de más de diez años en la industria de la moda y la decoración os pueden ayudar a encontrar eso que imagináis pero no sabéis cómo crear.

Además, mis otros cuatro años organizando bodas, con todo tipo de parejas y situaciones, son el ingrediente imprescindible para asegurar el éxito de vuestra celebración.

Somos un equipo con creatividad, capacidad organizativa, experiencia y sensibilidad. Esta también es parte de nuestra fórmula para garantizaros una boda auténtica.

+ ANÉCDOTAS DE ÉXITO

Emociones sin pantalones

La novia lloraba de impotencia al ver que su esposo se había ido de la fiesta angustiado porque el hermano de ella lo había tirado a la piscina. En segundos, aunque sin mala intención, todo era malestar en un evento que hasta entonces había ido sobre ruedas. La novia no sabía qué hacer y pensaba que su boda se había acabado en aquel mismo momento. Las canciones que habían escogido para terminar la fiesta esperaban para iniciar los últimos bailes y yo pensé que no podía ser de otra manera. Fui a buscar al novio, que encontré desbordado por la incomodidad del momento, y le ayudé a relativizar la situación. Le pregunté cuál era el problema concreto que le hacía sentir mal y me dijo que tenía frío y que estaba mojado. Yo llevaba unos pantalones negros y en el coche tenía ropa de recambio. Me cambié de ropa y le ofrecí mi uniforme de trabajo: “No estarás como cuando has llegado, pero estarás seco. Es vuestro día y merecéis acabarlo tal y como lo habíais previsto”, le dije. Y así lo creyó él también, que se cambió de ropa y vestido de mí, pudo seguir la fiesta al lado de su esposa con la misma alegría y pasión con la que había transcurrido la ceremonia. 

Cabalgando un deseo

Faltaban pocas semanas para el día de la boda de la pareja, cuando supieron que habría un invitado o invitada más a la ceremonia. La chica estaba embarazada y eso era motivo de doble celebración, pero también una angustia tremenda para ella: su sueño era llegar en caballo a su boda y los médicos le habían dicho que eso no sería posible ante las nuevas circunstancias. Sin embargo, el caballo estaba contratado, e incluso el calzado de las damas de honor y de la novia estaban pensados para dar sentido a ese momento que la pareja había preparado con tanta ilusión. Había que garantizar la seguridad de la novia y la del pequeñ@ que llevaba dentro, pero no podíamos permitir que esto convirtiera su día en una pesadilla. No podía hacer un gran trayecto, pero sí que podíamos ayudarla a vivir el momento de la entrada de su boda tal y como ella lo había soñado. Como una de nosotras sabe montar a caballo, junto con la ayuda del propietario del caballo, pudimos acompañar a la novia a cumplir su deseo. Mis compañeras, junto con el pinchadiscos, se encargaron de explicar a los invitad@s que la novia entraría de una manera especial, pero que por seguridad de todos, era necesario que nadie se moviera de su sitio, que nadie aplaudiera y que todo el mundo mantuviera el silencio absoluto hasta que se dijera lo contrario. Y al sonar su canción, la novia entró cabalgando hasta el lugar donde le esperaba su hermano para poder continuar hasta el altar. Seguramente la pareja no había imaginado toda la logística previa, como tampoco había podido prever que en aquella boda serían tres en vez de dos, pero el deseo de su boda se había hecho realidad y ya poco importaba todo lo demás.

El pinchadiscos sin música

La boda había ido genial y llegaba uno de los momentos clave de la fiesta: faltaba poco para la entrada del pastel nupcial cuando el pinchadiscos nos avisó de que se estaba quedando sin batería en el ordenador y no había plan B. Se iba a casa a buscar el cargador y nosotros nos quedábamos allí, sin música y a pocos instantes del gran momento. La espera se hizo eterna, y aunque pedimos al servicio de comidas que aflojara el ritmo para alargar el momento de la entrada del pastel, llegamos al punto de no poder seguir esperando. El pinchadiscos no llegaba, no lo encontrábamos y el pastel tenía que salir. Todavía no sabemos cómo, pero apagamos las luces e hicimos sonar la canción que tenía que sonar. No queremos pensar en el mal rato que habrían pasado los novios de haber sabido todo lo que estaba sucediendo. Por suerte, pudimos gestionarlo con elegancia y a día de hoy todavía no tienen ni idea de que estuvieron a punto de recibir la tarta nupcial sin música. Es uno de los riesgos que corremos en el servicio 'My wedding day', que al no conocer los proveedores con los que trabajaremos el día de la boda −porque han sido contratados por el novio y la novia−, nos podemos encontrar con cualquier sorpresa.

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